El hijo de Marta, de Morón, necesitaba un tratamiento de estimulación temprana cubierto por la Ley 24.901. Su prepaga se lo negaba una y otra vez: primero porque "no estaba en cartilla", después porque pedían estudios que ya habían entregado dos veces. Pasaron tres meses de idas y vueltas sin ninguna respuesta concreta.
Iniciamos el amparo de salud y, en pocas semanas, la Justicia ordenó a la prepaga cubrir el tratamiento completo. Marta pudo dejar de pelear con el conmutador telefónico y volver a enfocarse en lo que importaba: su hijo.
*Caso ilustrativo basado en situaciones habituales. Cada amparo se evalúa según sus propias pruebas y circunstancias.